
Piedras que se gestan
en el útero de la tierra,
manos que escarban
rodillas estrelladas,
navegan y esparcen
diminutas odas,
entre los secuaces
que velan con fuerza
que el mana no duerma,
mientras lastimosas
espaldas sin huella,
extraen y cercenan
en silenciosa rueda,
esperando que brillen
cristales endiosados,
para que descansen
en telas de seda,
diminutas lágrimas
que limpias y bellas,
lucirán los cuerpos
de quien no pregunta
la sangre que cuestan,
tenerlos y ansiarlos
en lujosas tiendas,
para dar por buenas
necias vanidades,
que después contestan
"eran piedrecitas,
sucias y pequeñas"
imbécil NAOMI,
diosa, mentirosa
cuando le preguntan
por aquel regalo,
¿No ves boba necia
que siguen brotando
las gotas de sangre
de tu diamante?
MARIA LUISA BENEDICTO GIL 2010
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